sábado, 6 de julio de 2019

¿Quién Soy?



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En ocasiones cuando estamos en nuestros procesos internos de auto descubrimiento o cuando nos encontramos atrapados en situaciones que nos cuestionan fuertemente la vida, surge esa pregunta a la que muchas veces le damos la respuesta incorrecta acomodando lo que creemos ser y disfrazando lo que en verdad debo ser para no tener que enfrentarme a pensar en lo que he hecho con mi vida.

¿Quién soy?  Una pregunta aparentemente fácil, pero a la que les aseguro que no le tenemos una respuesta clara.

La primera vez que me hicieron ésta pregunta, respondí súper convencida que era una mujer llena de proyectos, con mucha determinación y convencida de mi potencial. Si ustedes analizan bien mi respuesta, es vaga, nada precisa, no dice quién soy, solo habla de un par de cualidades que todos tenemos pero que no responden con honestidad a la pregunta.

¿Porque nos cuesta tanto definirnos con honestidad? 

La pregunta, obvio se me quedo atravesada y al principio era porque me sentí irreconocida por quién me cuestionaba las respuestas, pero luego comprendí que me estaban dando la oportunidad de ser precisa y de buscarme correctamente.

Así que hoy, no les voy a decir como contestarse esa pregunta, porque la deben responder desde su propia individualidad, pero si les voy a compartir algunos pasos que me enseñaron en la búsqueda de mi respuesta personal:

1.    Tu historia de vida es un elemento tan importante como el nombre que te obsequiaron. En ella está toda la información desde la cual decidiste consiente o inconscientemente construir la versión que hoy tienes de ti mismo. Nuestra historia de vida es el motor que nos impulsa a ser mejores o es el lastre que escogimos para no avanzar.

¿Tu historia te impulsa o te detiene? 

Si te impulsa, entonces entendiste que ella no te define, pero si te muestra por donde es mejor avanzar.  Si por el contrario te detiene o te tiene aletargado, entonces te sugiero que comiences a perdonar y que te enfoques no en lo que te ha hecho daño sino en todo lo que has aprendido gracias al valor y la fuerza interior con la que lo has sobrellevado. Agradece tu historia, no la desconozcas, porque tú eres parte de ella y tienes el poder para mejorarla.  

2.    Cuando pienses en quien eres no te definas a partir de lo que posees, de tus títulos o de tus logros, ellos solo son el resultado de tus acciones, pero no son quien eres. Tu estas por encima de todo eso.

La sociedad nos ha llevado a creer que solo podemos responder a esa pregunta por el nivel de éxito que alcancemos, y yo quiero preguntarte:

Una ama de casa que prefirió criar a sus hijos antes que ser una gran ejecutiva, ¿no es exitosa?, Un médico que decidió abandonar su carrera como residente en un hospital para irse de voluntario por el mundo con su conocimiento, ¿no es exitoso?, un joven que abandono su carrera para convertirse en negociante de ropa, ¿no es exitoso?

Seguramente pensaras que no, entonces te hago otra pregunta:
¿que es el éxito? Y por favor cuando la respondas, olvídate de las cosas materiales, del dinero y de los logros. ¿Verdad que no es tan simple?

3.    Solo cuando somos capaces de dar todo lo que somos, podemos darnos cuenta de que estamos hechos y discernir la respuesta a quien soy, se comienza ver de forma más simple.

No busco hablar de religiosidad, pero debo dejar claro desde mi perspectiva, que el Plan de Dios es mucho más retador e interesante, y en ese plan, él solo espera que tengamos la capacidad de darnos por completo, que le creamos tanto que sin importar lo que nos pida que abandonemos, tengamos la certeza de que, en él, todo estará resuelto.

Voy a usar de forma literal las palabras de una persona que viene trabajando hace mucho está pregunta en los jóvenes, y más que una palabra es una invitación: “gástate la vida” viviendo y descubriéndote, esa es la mejor decisión que puedes tomar.

Para terminar, les comparto mi respuesta a la pregunta quién soy?: 

Natalia Rodríguez es el resultado de sus experiencias y decisiones, las buenas y las incorrectas, es un proyecto que sigue sin terminar y que sigue buscando sus propias respuestas.

miércoles, 8 de mayo de 2019

El Perdón


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La Medida de la Justa Proporción que Sana

Mi reflexión hoy la tomo de la oración por excelencia: “Padre Perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden”, esta frase es un compromiso total y directo, una relación que nos propone la justa medida entre dar y recibir o en otras palabras, en reconocer la proporción que Dios busca en todos nuestros actos.

Pero ¿qué es dar?, es un acto que implica otorgarnos tal y como somos esperando que aquello que somos sea suficiente para los demás, para el mundo pero más aún, para nosotros mismos, porque cuando somos incapaces de vernos y reconocernos, desconocemos todo cuanto ha sido creado en nosotros y entonces somos como una jarra vacía, bella posiblemente en el exterior,  pero carente de contenido vivo que transforme e ilumine al mundo; y cuando hablo de mundo hablo de mi hogar, mi familia, mis amigos, mi comunidad.

Que tan simple pero complejo resulta entonces pedir perdón por todas las veces que nuestra humanidad ha sido más fuerte y hemos desconocido, la perfecta creación que somos, con todo lo que somos y todo lo que no seremos, porque en el diseño de Dios no hay fallas.

Recibir por otro lado, parece ser la parte más sencilla de esta íntima relación que deberíamos poder desarrollar con el mundo. Recibir implica tener la capacidad para abrir nuestras manos, mente y corazón, para tomar aquello que nos entregan y hacerlo parte de nuestra historia.

Pero para recibir hay que tener conciencia que aquello que llega a nuestras manos no siempre llega en papel de regalo como nos gustaría, sino que es posible que su envoltura nos haga pensar en mejor no recibirlo. Todas las veces que rechazamos esos “obsequios” permitimos que nuestro  ego y nuestro orgullo cierren puertas de gran valor.

Descubrir que tenemos esa incapacidad para recibir con el corazón dispuesto, por darle poder a nuestra mente para cuantificar y muchas veces esperar más de lo que seguramente merecemos, no nos permite ver que ya tenemos todo lo que necesitamos y esa medida esperar ya no tiene que ser una necesidad, por consiguiente lo tendríamos todo resuelto para disponernos a recibir.

Perdonar es un acto de tanto valor y humildad que solo hasta que se comprende el valor del perdón en uno mismo no se dimensiona el poder que tiene en las personas que nos rodean. 

La mayoría de las veces nos enfocamos en todo lo que podemos hacer desde nuestras propias fuerzas y en esa carrera que todos emprendemos, muchas veces olvidamos de dónde venimos, con quien crecimos, quien nos tendió la mano, quien creyó en nosotros y comenzamos a dañar la fuente misma de nuestra creación.

Caemos en la rutina de enojarnos y perdonar a medias, de guardarnos el dolor y la incomodidad de las ofensas en lugar de soltarlas y avanzar, aprendemos a custodiar el resentimiento como si fuera un bien preciado y conforme pasan los años, maduramos con toda esa basura haciendo de las suyas en nuestro corazón, en nuestra mente y en nuestro cuerpo.

Intoxicamos en pequeñas y medianas dosis nuestro espíritu y nos volvemos expertos en retener.

Cuanto nos cuesta reconocer que el perdón es sanador, que libera, que transforma y limpia, pero no lo concebimos porque vivimos convencidos que dar el primer paso en la búsqueda del perdón es ceder y mostrar debilidad.

Porque eso es perdonar, es buscar el amor por encima de todo y de todos, es decidir trascender, es vivir libre y en plenitud, es encontrar pretextos nuevos para sorprenderse de la vida en lugar de cargar la vida con un peso excesivo.
Perdonar es reconciliarnos con nuestro pasado, para despejar el presente y provisionar el futuro con lo mejor que soy y que podré ser y ese justamente es el compromiso que todos debemos adquirir para engrandecer nuestras vidas y las de quienes nos rodean.
 


lunes, 29 de abril de 2019

La Duda



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Ausencia de fe


Siempre que pienso en la duda recuerdo una conversación que tuve en la que alguien muy sabio decía que, ésta solo existía en los vacíos donde la fe no estaba sembrada.

Creo que todos convivimos con la duda pero reconocerla es un paso importante para restarle poder y empoderar correctamente nuestra vida hacia el lugar al que queremos llegar.

Dudar en si no tiene problema, la duda permite momentos importantes de reflexión y análisis, es una oportunidad inmensa para filtrar y elegir verdaderas opciones y caminos; lo nocivo aparece, cuando la duda es un estilo de vida que me mantiene en estado de alerta y fatiga interpretando al mundo y a las personas como posibles fuentes de daño.

Me gusta hablar de la fe porque hace parte de mi experiencia de vida y creo con total certeza que ésta se desarrolla y se fortalece a medida que aprendo a fluir en ese plan invisible que fue diseñado para cada uno de nosotros.

Pero al hablar de fe lo que les propongo es analizar qué tan ausente o presente estamos de ella y que tanta presencia tiene la duda sobre mi vida.

Una vida en duda permite la intromisión y la opinión de todos, es una vida ajena vivida a partir de la experiencia y/o deseos de otros, porque al no tener confianza de quien soy y por donde me muevo, siempre tendré que esperar que alguien más decida y al permitirlo simplemente me convertí en un espectador de lo que podría ser.

Recuerdo la película The Truman Show y creo que es la mejor forma de mostrar como al dudar, dejo el control en manos de otros para que planeen y construyan un mundo que tal vez está muy lejos de la realidad que me merezco y deseo tener.

Dudar tiene un orden natural para ayudar, pero vivir en la duda solo fomenta la ausencia de ti y tu eres la pieza más importante en el diseño de tu propia vida.

miércoles, 27 de marzo de 2019

El Peso de las Cargas



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Creo que todos de una u otra forma afrontamos la vida con una maleta llena de cargas que en muchos casos llegan a asfixiar  lo que somos y nos consume con su gran peso.

Hay varias formas de liberarnos sanamente de las cargas, pero primero hay que entender que es una carga y cuál es el origen de la misma.

Una carga es una tarea incompleta, esta tarea puede ser de sentido emocional, económico, profesional, familiar, afectivo, tiene muchas posibilidades en el origen pero una sola necesidad: atención y perdón.

Las cargas llegan a mi “maleta” de dos formas: me la impuse yo mismo o me la impusieron condiciones externas a las que les di demasiado poder.

Cuando aceptamos una carga, le restamos espacio a la visión de la vida que soñamos y en cambio posicionamos una debilidad como fuente de la razón por la que vivo como vivo o estoy donde estoy.

Una carga auto impuesta es aquella aparente “deuda” con la que aceptas vivir porque erróneamente sientes que es necesaria para recordarte el propósito de la vida, pero no es así, para lo que realmente sirve es para frenarte y cambiarte el rumbo de lo que podrías ser si fueras libre de ella.

Cuando mi papá murió yo tenía 14 años, luego de pelearme con Dios y con la vida asumí el rol de papá en mi casa. Nadie me lo pidió, yo simplemente lo tome creyendo que podría apoyar a mi familia desboronada para seguir adelante; y por muchos años así fue, pero yo seguía sintiéndome ahogada del peso que cada día cobrara esa decisión. Un día alguien puso el dedo en mi llaga y me dolió tanto que entendí que lo único que estaba haciendo era tratando de corregir mi falta de presencia en los últimos días de vida de mi papa.  El día que lo dejé ir, mi vida se liberó.

No muy lejos de mi historia están las cargas que nos imponen quienes nos rodean, cargas que buscan vivir la vida que no se tuvo, ser quien no se es y lo que es más delicado, es una sutil desaprobación de quien eres.

Siempre que recibes una carga de alguien, tú te quitaste del timón de tu vida para dárselo a otro. ¿Vale la pena ser anulado?, ¿es un gesto de amor o respeto permitir que otros tracen nuestro rumbo?, jamás habrá un mejor navegante para tu vida que tú mismo, sólo debes reconocerte tal y como eres y ser capaz de entender que no siempre estarás en aguas tranquilas pero que si tendrás siempre las herramientas para volver a ellas.

Las cargas que asumimos deben ser conscientes y consecuentes con nuestro proyecto de vida y más aún deben tener un tiempo de caducidad, cuando ya lo haya superado, debo soltarla y darle espacio a mi bolsa de viaje para nuevas cosas.




martes, 12 de marzo de 2019

Espejito Espejito




La Comparación que no permite crecer 

Un dolor colectivo que todos hemos vivido en algún momento de nuestra vida es ponernos en la posición del espejo buscando obtener un reflejo de mejor y mayor calidad, cuando lo que vemos es realmente lo que necesitamos para proyectarnos en la vida.

Lo permito cuando me comparo o le doy el poder a otros de que lo hagan, cuando buscando ser aceptado cedo mi esencia para adoptar la apariencia, cuando creo que lo que veo en los demás es mejor que lo que puedo percibir de mí mismo, cuando pretender ser quien no estoy diseñado a ser.  

El riesgo de ser miopes emocionalmente es que me convenza de que todo lo de afuera es mejor que lo que yo soy como persona.

Alce algunos días trabajando con un grupo de jóvenes converse con una chica muy lista, quien no pudo encajar de ninguna forma en la sesión realizada porque su cabeza solo argumentaba su incapacidad para producir respuestas “aceptables” como las de su grupo de trabajo intentando explorar conceptos como felicidad y proyecto de vida.

Su insatisfacción se tornó en una abrumante frustración que la bloqueo por completo la puso en la posición de nulidad donde ella misma creía que se encontraba. Al conversar con ella me di cuenta que todo su enojo y fastidio estaban siendo consecuencia de no tener claridad sobre lo que espera proyectar en su vida profesional y discutiéndolo juntas llegamos al origen del problema, todos saben que hacer, como y cuando, y yo no!

¿Quién dijo que hay un estándar para vivir?, ¿quién dice que el caos y el vacío no son maestros?, ¿quién asegura que siempre debemos tener respuestas a todo?

Las respuestas perfectas para ti no tienen que serlo para otras, tu diseño y el mío son diferentes, por ende los caminos, aciertos y errores también lo son.
Lo importante no es lo que los demás ven, es lo que tú ves de ti mismo y ese es todo el insumo que necesitas para responder con seguridad, para guardar silencio cuando no se tiene claridad y para vivir haciendo de tu vida la mejor de las experiencias.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Tentación: Pecado u Oportunidad?



Cando hablamos de tentación, estamos generando de inmediato condicionamientos de tipo religioso, social, familiar, profesional, etc.; pero la realidad del concepto propone entender más allá de lo que en el exterior se reconoce como tentación.

La tentación como definición general propone la satisfacción personal a mediano o largo plazo como consecuencia de una actividad o decisión poco planeada o de coartar o impulsar a otros en situaciones prohibidas o restringidas.

Mi propuesta hoy, basada en mi propia experiencia, es entender a la tentación como una oportunidad para desarrollar un valor de mucha relevancia en la vida: la voluntad.

Todos buscamos tener la voluntad necesaria para estudiar, madrugar, hacer deporte, comer sano, y así un sinfín de actividades que conscientemente sabemos necesitamos desarrollar pero que carecen de poder, tiempo y priorización a la hora de ser consecuentes en su materialización.

La voluntad, se encuentra entonces un nivel poco eficiente porque nos hemos encargado de sabotearnos tantas veces que ya ni siquiera intentamos aquello que anhelamos y deseamos porque de entrada ya estamos preparando el escenario para el fracaso y surgen las una y mil justificaciones, todas ellas, coherentes, argumentadas y muy probadas sobre él porque eso a mí no me funciona.

Las tentaciones surgen entonces en nuestra vida como esa voz de alerta que emerge para retarnos, cuestionarnos y desarrollar verdaderos seres humanos capaces de distinguir lo honesto de lo íntegro, la fuerza y la debilidad, el deseo y las excusas, el compromiso y la decepción.

No importa cuántas veces hayamos sido presas de la tentación lo importante es cuanto hemos aprendido y cuan dispuestos estamos para emprender verdaderos caminos de crecimiento y fortalecimiento.

La voluntad no viene dosificada pero si tiene el poder de transformar vidas y de multiplicarse en otros.